Seis variedades ancestrales resucitadas por Torres

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Variedades ancestrales

Variedades ancestrales es un programa de investigación de Bodegas Torres. Durante más de tres décadas, con los trabajos iniciados por Miguel A Torres que ahora lidera Miguel Torres Maczassek, ha conseguido recuperar medio centenar de tipos de uva que se habían dejado de cultivar tras la plaga de la filoxera, hace un siglo, y ya hace vino con seis de ellas.

Variedades ancestrales
Cultivo in vitro

La plaga de la filoxera marcó un hito histórico más profundo que muchas batallitas recogidas en los libros de texto. Un ejemplo: el viñedo del Penedès, consagrado desde entonces al cava y otros blancos, era tinto en su inmensa mayoría. Muchas de aquellas variedades ancestrales —numerosísimas en una de las comarcas con una tradición vitivinícola más profunda— desaparecieron de los campos y de la memoria. En los años 80, Miguel A Torres hizo un llamamiento a los viticultores de Cataluña para recuperar aquellas de las que hubiera sobrevivido una cepa aquí o allá y salieron por doquier viejas plantas de variedades de las que sus propietarios no sabían ni el nombre. Había que catalogarlas, sanearlas en cuanto a virus y demás, cultivarlas in vitro y plantarlas en cantidad suficiente, durante el tiempo necesario, para comprobar su verdadero potencial enológico. También han comenzado a hacerlo en Rioja, Ribera del Duero, Rueda y Rías Baixas.

Variedades ancestrales
Miguel Torres Maczassek

Durante siete lustros, la familia Torres ha recuperado medio centenar de variedades catalanas desconocidas que sobrevivieron a la filoxera. Seis de ellas han demostrado unas aptitudes enológicas relevantes y ya se han hecho vinos experimentales con ellas. La forcada —la única blanca— es muy aromática —flores, piel de limón y curiosas notas como de Red Bull— y envejece bien: se “confita” en vez de oxidarse. La elevada acidez que comparte con las otras variedades ancestrales recuperadas le interesa particularmente a Torres en el contexto de su preocupación por el cambio climático: los viñedos que se planten ahora serán las cepas viejas de finales de siglo, cuando la temperatura media habrá subido unos 5 grados y las variedades habituales en el Mediterráneo verán agravarse hasta lo insoportable sus problemas de poca acidez o de mucho alcohol.

Variedades ancestrales
Gonfaus – Grans Muralles

Una de las variedades ancestrales más sugerentes es la gonfaus: bajo rendimiento para unas uvas minúsculas que dan un vino intenso y estructurado con curiosos aromas de piel de naranja y melocotón. Como muestra de las dificultades que entraña el largo proceso de recuperación de una variedad ancestral, la pirene se plantó en el Penedès para comprobar, cuando años después se pudo hacer vino con ella, que iría mejor en Costers del Segre —vuelta a empezar— y lo contrario pasó con la moneu. El primer fruto del proyecto fue la bautizada como garró, que se incorporó al nuevo Grans Muralles en 1996. Otra variedad ancestral, a la que llamaron querol como el pueblo donde se localizó, forma parte del coupage de ese top de la gama Torres —junto a la garnacha, la cariñena y la monastrell— desde 2009.

Fotos: JORDI ELIAS

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